3 mitos y 3 realidades sobre el estrés

Mito: Hay trabajos muy estresantes. Realidad: La falta de talento y disfrute del trabajo es la mayor causa de estrés.
Imagina jugar basquetbol en la NBA junto con Michael Jordan, Shaquille O´Neal o Lebron James. ¿Podrías hacerlo? ¿cómo te haría sentir no lograr un solo punto en el juego? Bastante inútil, ¿verdad? Justo como te sientes en un trabajo para el cual no tienes talento o gusto por hacerlo; pasas horas y horas sin avanzar no importando cuanto te preocupes. Aunque te preocupes y te esfuerces las cosas simplemente no funcionan, te sientes frustrado y hasta enojado, en una sola palabra: estresado. Por el contrario, cuando realizamos un trabajo para el cual tenemos talento y gusto, no importa lo difícil que sea, los logros llegan acompañados de sensaciones de plenitud, satisfacción y orgullo.
El que tú no puedas hacer bien un trabajo no significa que nadie más puede hacerlo, hay seguramente alguien que puede hacerlo bien y lo encuentre gratificante, por más complicado, aburrido o estresante a ti te parezca.

Mito: Tomar las cosas con calma evita el estrés. Realidad:Mantener la calma ante los problemas es importante, pero actuar para resolverlos lo es mucho más.
Mantener la calma no significa detenerse; es una pausa, no una parada completa. Las revistas y redes sociales están repletas hoy en día de la invitación a practicar la tranquilidad de la mente; esa actitud zen desgraciadamente en muchas ocasiones es utilizada como un pretexto para volvernos perezosos. La práctica de la meditación es excelente para mantener un estado emocional equilibrado, pero el propósito de alcanzar ese estado emocional es prepararnos para movernos a la acción, no para quedarnos en una inmovilidad permanente. La inmovilidad hace que nuestros problemas se acumulen y que ni la actitud más zen del mundo nos permita evitar el estrés que estos problemas nos provocan.

Mito: El exceso de trabajo genera estrés. Realidad: El exceso de pensar en el trabajo genera estrés.
¿Cuántas veces terminas un día de trabajo y te das cuentas que no lograste nada a pesar de que fue un día muy ajetreado? La razón es que la mayor parte de tu día la invertiste en preocuparte por todo lo que tenías que hacer, pero nunca lograste alcanzar el estado emocional adecuado para empezar a hacerlo; aquí es donde una pausa te hubiera servido para centrarte y evitar los brincos de un pensamiento a otro, de una preocupación a otra, de una idea a otra sin lograr aterrizar ninguna de ellas en una acción significativa.

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