Autoestima y sus consecuencias

A lo largo de mi vida personal y profesional he sido testigo en múltiples ocasiones de que el conocimiento académico es completamente insuficiente para asegurar el éxito en la vida. Estoy convencido de que en la ausencia de la inteligencia emocional es donde encontramos la mayoría de nuestras dificultades y en la presencia de ella es donde encontramos la mayoría de nuestras soluciones.
La inteligencia académica la podemos presumir con títulos y certificaciones; el problema de la inteligencia emocional es que sólo se puede presumir con acciones y resultados, con nuestra capacidad para levantarnos de malas rachas y fuertes problemas, con nuestra capacidad para ser empáticos y relacionarnos adecuadamente  con la gente que nos rodea, incluso con nuestra capacidad para generar una buena primera impresión en los lugares donde nos presentamos. Las cualidades de la inteligencia emocional son muy sutiles, muy frecuentemente no nos damos cuenta de su presencia o su ausencia, simplemente las reconocemos por las consecuencias que generan. Pensemos por ejemplo en la autoestima: Por varios años he trabajado entre ingenieros, contadores y abogados; siendo yo mismo un ingeniero, mi facilidad para relacionarme en el trabajo con ellos considero que es bastante buena, pero no podemos negar que estas profesiones tenemos fama de cuadrados e inflexibles. Coaches y terapeutas nos consideran clientes complicados para abrirse al cambio. Hay de todos tipos, pero la realidad es que la naturaleza del trabajo que hacemos requiere de seguir normas, manuales, reglamentos, guías, etc. Aunque hay espacio para la creatividad, usualmente tiene que darse dentro de un marco de cierto orden. No es nada raro entonces en estos ambientes, encontrar personas con una tendencia en el perfeccionismo que se observa de formas muy diversas:
  • Dificultad para delegar porque duda que los demás puedan hacer las cosas con la calidad necesaria. Cuando delegan con todo el dolor de su corazón, se quedan intranquilas por haber entregado el control y lo manifiestan de dos maneras: estresándose en pensar lo que puede salir mal o monitoreando cada minuto de la persona a la que delegaron el trabajo.
  • Dificultad para darse auto-reconocimiento. Usualmente piensan que lo que hacen no es lo suficientemente bueno, critican constantemente la calidad de su trabajo y devalúan sus logros.
  • Dificultad para el cambio. Todo cambio requiere de una curva de aprendizaje y el sentimiento de ser nuevo en algo no es precisamente agradable cuando la calidad que se desea es la de un experto.
  • Dificultad para valorar sus fortalezas. Puedes ser muy bueno en algo, pero si lo que estás haciendo actualmente aún no lo dominas, entonces siempre tendrás la sensación de SER un torpe, no en lo particular, sino incluso en lo general.
  • Dificultad para crear empatía. Esta se da porque en una mente perfeccionista las cosas tienen que ser perfectas, no hay excusas, pretextos ni justificaciones válidas.
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