La muerte del miedo

Esta es la segunda de 3 publicaciones que te invito a leer para entender la naturaleza inconsciente de los miedos:

Hace un par de días me compartieron en redes sociales un pequeño fragmento de una conferencia de Benjamin Zander, Director de la Filarmónica de Boston y conferencista motivacional. Comentaba él que le tomó 20 años darse cuenta de lo siguiente: “El conductor de orquesta no genera un solo sonido. Su poder depende de su habilidad para hacer poderosos a otros.” Descubrí que mi tarea era despertar posibilidades en otros, menciona Zander.

Reflexionando las frases anteriores me doy cuenta que en ellas radica la mayor dificultad para ser un líder. Hacer poderosos a otros no suena muy atractivo para nuestro ego; queremos el poder para nosotros mismos.

Es esa búsqueda continua de poder y autoafirmación la que nos mete siempre en problemas. La búsqueda de poder en sí nunca es perjudicial, son las estrategias que utilizamos las que resultan erróneas frecuentemente. Detrás de todos esos errores, hay un factor común: el miedo.

Detrás de la soberbia no está un sentimiento de grandeza, sino todo lo contrario, está un miedo a ser irrelevante, a ser poco importante. Detrás de la pereza no está solo una falta de energía, sino un profundo miedo a equivocarse.

Así, detrás de cada una de las estrategias erróneas que utilizamos está un mecanismo de defensa de nuestra mente para enmascarar nuestros miedos. ¡Ser un miedoso! ¡Qué horror! No podemos permitir que la gente lo note, lo mejor será que lo escondamos con una máscara que luzca mejor en sociedad.

Y esa máscara la usamos 24X7. Con ella maltratamos a nuestros compañeros de trabajo para lucir poderosos; mejor ser el bully que el miedoso. Con ella nos alejamos de la gente; mejor lucir elitista que mostrar mi miedo a ser rechazado. Con ella como jefes preferimos las relaciones públicas que la solución de problemas; la primera me hace sentir siempre importante, resolver problemas – por el contrario – me hace sentir inepto frecuentemente.

El miedo es nuestro mayor enemigo, la máscara que usamos para esconderlo puede ser muy atractiva, pero jamás será eficiente. Descubrir nuestros miedos, confrontarlos y vencerlos es la única estrategia que nos beneficiará en el corto, mediano y largo plazo. Es también la única estrategia que nos lleva no solo a parecer líderes, sino realmente a serlo.

Continúa a la tercera publicación aquí.

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