Obsesión positiva

A lo largo de nuestra vida todos hemos tenido logros que nos han marcado profundamente. El estudiante que iba en autobús a su escuela, un día de repente es un profesionista que puede comprarse un automóvil. Personas con sobrepeso toda su vida, un día se cansan de ello y logran cambios extraordinarios. Otros deciden emprender su primer negocio después de muchos años de ser empleados. Sus vidas cambian notablemente; sus costumbres, su vida social, su ánimo, sus pensamientos. Son otras personas después de estos cambios.

Cuando comenzamos un nuevo proyecto nos preguntamos frecuentemente ¿cómo voy a lograrlo? Se nos olvida que conforme avanzamos en nuestros proyectos dejamos de ser las mismas personas. No vas a ser tú quien lo logre, sino el nuevo tú que seas capaz de crear. Tu yo actual lo único que necesita es hacer algo: encontrar la motivación para comenzar.

¿Has visto alguna vez cómo funciona un motor eléctrico? Cuando arranca, consume 10 o 20 veces más corriente que cuando ya está funcionando a su velocidad normal. Este comportamiento me parece una metáfora estupenda de cómo debemos arrancar nuestros proyectos; con un ímpetu que raya en lo irracional, en lo obsesivo. Toda persona que ha sido exitosa en algo sabe de lo que hablo. El que bajó 20, 30 o 40 kgs de peso se acuerda hasta con asombro de su capacidad para ir al gimnasio todos los días, para seguir su dieta y tomar sus medicinas y suplementos. Ese estado de emoción pura le permite tomar un empuje impresionante que no le deja tiempo de pensar que lo que está haciendo no es lo normal, no es lo lógico, no es lo que otros o él mismo esperarían de él.

Si tratamos de arrancar el motor con la corriente que usa a su velocidad normal jamás tendrá la fuerza para arrancar. Lo mismo nos sucede; si tratamos de arrancar algo nuevo con la misma intensidad que ocupamos normalmente, jamás encenderemos la “chispa” necesaria para arrancar.

El arranque es el momento de lanzarse al vacío; de abrirse a nuevas opciones, nuevas costumbres, nueva energía, nuevas personas y nuevas ideas. No es momento de pensar en el orden y la lógica, sino de aceptar el caos, lo ilógico y lo desconocido. Cuando alcancemos la velocidad de operación normal, ya no seremos los mismos y daremos entonces a nuestro nuevo “yo” la oportunidad de descansar, de dejar el caos atrás y de disfrutar una merecida nueva “normalidad”.

Termino con una frase de Jack Welch, estupenda para trasladar esta misma idea al ámbito empresarial: “La buena disposición ante el cambio es una fortaleza, incluso si eso implica sumir a la compañía en la confusión por un tiempo.”

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