Por qué en tu autoestima está la clave a todos tus problemas

Este es un fragmento de mi nuevo libro próximo a salir:

Después de más de veinte años de trabajo, estoy convencido que todas las empresas tienen los mismos problemas recurrentes. Incluso los problemas operativos que se presentan recurrentemente tienen las mismas raíces. En todos encontraremos un jefe déspota, un empleado hastiado, un envidioso, un flojo o un incompetente entre otras no muchas razones. Muchas personas me dirán que los problemas también se generan por malos planes o estrategias; y tienen un poco de razón, pero lo cierto es que cuando estos problemas son manejados por gente competente, jamás se convierten en problemas recurrentes o crónicos, que son los que finalmente destruyen la productividad de las empresas. Exactamente lo mismo sucede con las personas; si somos competentes en la manera que enfrentamos nuestros problemas, éstos jamás se convertirán en crisis.

Te mostraré en los próximos párrafos que un desbalance en nuestra autoestima es uno de los factores primordiales para no ser competentes en el manejo de nuestras vidas y de nuestros trabajos.

A lo largo de mi vida he conocido personas extremadamente brillantes que están teniendo problemas para sobresalir en sus trabajos y ser tomados en cuenta para las más altas posiciones en sus empresas. Algunas de estas personas, por su alta preparación e inteligencia muchas veces llegan alto en las empresas, pero en algún momento son parados antes de llegar a la cima. Si preguntamos a sus jefes por qué no les promueven a mejores posiciones, nos darán muchas razones, algunas de las cuales pueden parecer válidas, pero la realidad está a la vista en estos casos: no les promueven porque no se sienten a gusto con ellos, no les tienen confianza, no les caen bien, como decimos vulgarmente. Puede parecer injusto, pero la realidad es que es una situación muy normal porque todos preferimos trabajar o relacionarnos con gente que nos hace sentir bien, que nos hace sentir en confianza. Así, si eres una persona a la que muchos consideran indeseable es porque probablemente lo eres. Lo peor de todo, es que ni siquiera necesitas serlo, solo necesitas parecerlo.

¿Cómo se relaciona esta mala percepción que la gente puede tener de ti con tu autoestima? Es muy sencillo, tu autoestima puede estar en un nivel tan alto que la gente te percibe como una persona pretenciosa que se cree escogida por los dioses, o puede estar en un nivel tan bajo que te comportas de una manera soberbia simplemente para esconder tus inseguridades y el concepto tan pobre que tienes de ti mismo.

Podemos pensar que la soberbia no es gran problema para nosotros cuando estamos en lo más alto de las jerarquías; después de todo, los demás no tendrán más remedio que aceptarnos como somos porque estamos por encima de ellos, pero no es tan sencillo como eso. Una persona déspota se convierte en un verdadero virus que destruye todo a su paso en las familias y organizaciones a las que pertenecen. Disminuyen la autoestima de la mayoría y destruyen emocionalmente a los que de antemano ya tienen baja autoestima. Sus equipos de trabajo y sus familias se convierten en hospitales donde el que no se enferma realmente, al menos lo finge para mantenerse lo más lejos posible de semejante monstruo. Y ese monstruo es el simple resultado también de una autoestima demasiado alta o demasiado baja, siendo la baja la más común en estos casos.

Hace algunos años me encontré en una empresa a un alto ejecutivo de ventas que se sorprendió con los resultados de un test psicométrico que mostraba una baja habilidad de él para comunicarse. La realidad es que a mí también me sorprendieron sus resultados porque realmente disfruté trabajar con él; es un tipo educado, amable, de conversación interesante y se mostró muy dispuesto a colaborar conmigo en el proceso de consultoría que trabajé con su empresa. De primera instancia, uno podría pensar que sus habilidades comunicativas de hecho eran estupendas.

En su proceso de coaching, ese mismo primer día se dio cuenta que sus habilidades de comunicación eran extraordinarias cuando se sentía en confianza con su interlocutor, pero sin embargo, su habilidad decrecía fuertemente cuando no lograba tener “química” con su interlocutor. Lo interesante entonces era saber de qué dependía esa química. Hablando de ventas, después de un rato de reflexión se dio cuenta que la química dependía de qué tan comprendido se sentía por su cliente. Cuando estaba con un cliente con nivel similar al suyo de conocimiento y cultura, se sentía como pez en el agua, sin embargo, cuando percibía a su interlocutor como inferior en conocimiento o cultura y se sentía poco comprendido, entonces empezaba a exasperarse y de lo único que tenía ganas era de terminar lo más pronto posible su conversación.

Cuando de esa química depende tu capacidad para vender, estás en problemas si no logras generarla. Así se dio cuenta que su elevada autoestima le estaba generando una soberbia que no le ayudaba a establecer buenas relaciones con todos sus clientes. Esa sola revelación le sirvió para tener más cuidado en sus futuras interacciones con personas con las que no podía establecer una química con facilidad. Generó nuevas estrategias de comunicación para cuando se presentara esa situación y se llevó la conciencia de que a pesar de ser una persona amable, educada y sociable, sí era capaz de experimentar actitudes de soberbia, por lo que debía tener cuidado con ellas.

Podemos pensar que las personas exitosas tienen las mejores razones para tener una alta autoestima, pero no siempre es el caso, sobre todo cuando son perfeccionistas.

Me he encontrado con varios casos de ejecutivos de empresas que han tenido grandes éxitos en su vida; se convirtieron en expertos en sus campos y todo iba bien para ellos hasta que se enfrentaron al cambio.

Jubilados que están buscando una nueva vocación, altos directivos que cambian de responsabilidades en la misma empresa o cambian de empresa, nuevos emprendedores con mucha experiencia empresarial se enfrentan de repente a grandes cambios y pasan de un día para otro de ser expertos en su ramo a ser completamente inexpertos en una nueva actividad. Si sumas el perfeccionismo a esa sensación nueva de inexperiencia, el resultado es un gran miedo y una percepción de inutilidad que lleva a muchas personas en esta situación a la depresión y la baja autoestima.

¿Cuál es el mejor remedio en estos casos? He encontrado que lo mejor es transportarse a los éxitos del pasado y reflexionar que esos éxitos no fueron resultado solamente de conocimientos técnicos y experiencia de trabajo, sino principalmente de cualidades humanas y capacidades que siguen con nosotros. La capacidad para resolver problemas, la paciencia, la visión estratégica, la empatía, la confianza en nosotros mismos son competencias que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida y serán la base para construir nuestros nuevos éxitos. Con esta nueva perspectiva se gana nuevamente la confianza para seguir adelante.

La falta de asertividad es una de las principales generadoras de problemas en familias y organizaciones. Usualmente le llamamos falta de comunicación. En estas situaciones, las ideas no se comparten, los enojos se tragan, los problemas se dejan crecer hasta que explotan en nuestras caras y entonces sale a relucir lo peor de nuestra naturaleza humana.

Esa falta de asertividad también se da en los extremos de la autoestima. Cuando está demasiado alta y se cae en la soberbia, entonces la asertividad se pierde porque sentimos que los demás no son dignos de escucharnos. ¿Para qué compartir mis ideas con los demás si son demasiado estúpidos para entenderlas? ¿para qué plantear la solución de un problema si a los demás no les importa resolverlo? Son demasiado estúpidos o flojos para hacerle caso a mis recomendaciones. El mundo no me merece, no vale la pena comunicarme, es una pérdida de tiempo.

En el otro extremo, con una baja autoestima yo no merezco que el mundo me escuche. Solo abriré la boca cuando tenga algo realmente inteligente y genial qué decir; no quiero ser víctima de la burla y el escarnio público. ¡Suerte con esa actitud! Serás invisible al mundo. Si eres hombre serás invisible a las mujeres, si eres mujer serás visible sólo a los machos en búsqueda de una mujer a quien sobajar. Si eres un jefe, serás un cero a la izquierda para tu equipo, a menos que necesiten una autorización, después de todo, eres el que dice sí a todo. Eres esa persona que toda su vida será perseguida por la pregunta: ¿Y si hubiera…?

La falta de asertividad es engañosa; las personas que la sufren pueden ser de las más queridas: jamás se meten en problemas, huyen todo el tiempo del conflicto y tienen una paciencia casi infinita, aunque cuando ésta se acaba entonces salen a presión todos los resentimientos almacenados. Desgraciadamente para ellas también, pueden ser las más queridas, pero nunca las más admiradas y respetadas, lo que les lleva a bajar aún más su autoestima, pues más que queridas se sienten utilizadas.

En muchas empresas me he encontrado con vendedores que les da pena pedir a un cliente que les compre. Cuando interactúan con sus clientes lo hacen con mucho cuidado de que éstos no piensen que solo le hablan o le visitan para venderle algo. Y aunque esta actitud es en parte sana y deseable por un tiempo, no puede ser permanente; para lograr el respeto del cliente, éste habrá de tener claro que nos importa, que hacemos nuestro mejor esfuerzo por serle de utilidad, pero que esperamos también un beneficio por ese servicio. Aquí es donde hay que tener cuidado con los vendedores demasiado sociales, porque disfrutan tanto de la interacción con la gente que olvidan frecuentemente que la razón de ser de esa interacción es obtener un beneficio económico.

La envidia es otra de las principales causas de problemas en las familias y organizaciones. Y aquí nuevamente aparece la autoestima, principalmente la baja autoestima que se genera de una constante comparación de nuestros recursos con los de los demás; siempre hay alguien más rico, más inteligente, más simpático o más exitoso que yo, lo que me lleva a valorar muy poco mis cualidades personales.

Otro gran problema también es que con la envidia se pierde todo sentido de responsabilidad, ésta es sustituida por una actitud de víctima; son los demás los que tienen la culpa de todos mis males. Los ricos y el gobierno tienen la culpa de que sea pobre, los demás no me aceptan porque son malas personas que discriminan, etc., etc.

Podría existir una enciclopedia completa de todos los problemas en que nos metemos por una autoestima fuera de balance. Seguro que existen muchos problemas que están fuera de nuestro control y se presentarán sin importar si la autoestima es alta, baja o balanceada, pero lo cierto es que con el adecuado nivel de autoestima tendré la capacidad para colocarme en la actitud adecuada para resolverlos; jamás dejaré que crezcan y se adueñen de mi vida o de mi trabajo.

Llámese padre, madre, gerente o director, estoy convencido que la función del líder es ayudar a mantener a sus seguidores en un nivel de autoestima adecuado. El hijo con autoestima será respetado y querido por sus amigos y compañeros, tendrá la seguridad e independencia para resolver sus problemas y plantearse metas, para enfrentarse a los bullies. El empleado con autoestima será capaz de tomar decisiones, de relacionarse con sus compañeros sin envidia ni soberbia, hará lo que sea por la compañía, el jefe y los compañeros que cada día le hacen sentirse apreciado y arropado.

Como líder, elevar la autoestima no significa proteger; significa retar, significa dar poder, confianza, autoridad y competencia.

En opinión de muchos psicólogos, la principal función de los padres con un niño hasta sus 4 años es hacerlo una persona sociable y accesible. Un niño con quien otros pequeños se sientan cómodos de jugar y a quien los adultos no quieran estrangular, como sucede frecuentemente con muchos niños. No se trata de mantenerlos atados a una silla, sino que tengan la seguridad y la habilidad para interactuar con los demás y saquen a relucir ese encanto natural del que gozan cuando no se comportan como demonios. Cuando logran eso serán aceptados por todo mundo y se sentirán amados y seguros.

Lo mismo debe suceder con los jefes de personas sin habilidades sociales o con un carácter demasiado explosivo. Con esos soberbios, una labor muy importante es ayudarles a percibir cómo los ven los demás, ayudarles a entender que la interacción social es esencial para tener éxito dentro de cualquier organización o sociedad. Ayudarles a ver que la percepción que los demás se hacen de nosotros es producto de nuestros comportamientos; de nuestro lenguaje corporal, de la manera cómo nos comunicamos, y que todo eso lo podemos cambiar para mejorar. Es muy útil ayudarlos a practicar la amabilidad: llevarle un café al compañero de trabajo, abrir una puerta, decirle un piropo a la esposa o al esposo.

A esos envidiosos; hacerlos sentir competentes, darles reconocimiento constante y tareas de apoyo a otras personas que los hagan sentir útiles e importantes. Lo peor que les puedes hacer es criticarlos y menospreciarlos.

Para esos poco asertivos o inseguros no hay nada mejor que hacerles preguntas. ¿Qué piensas de esto? ¿qué harías tú en esta situación? Si contestan con un simple sí o no, hacer preguntas de seguimiento, pero no permitirles que huyan con facilidad.

Según estudios psicológicos, el éxito no proviene de la confianza en uno mismo, sino lo contrario, la confianza en uno mismo nace de tener éxito. Por eso es esencial que nos permitamos tener pequeños éxitos todos los días, con ellos iremos ganando confianza para hacer cosas cada vez más importantes cada día y de esta manera alcanzar y mantener la sana autoestima que nos libre de las actitudes y comportamientos que nos meten en problemas y nos alejan del éxito. Es claro que si no tengo confianza y autoestima, no puedo ayudar a otros a conseguirlas.

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