¿Por qué una gran visión a futuro puede ser tu ruina?

Como Ingeniero, por 20 años he vivido dentro o al menos alrededor del sector tecnológico; es una industria que me fascina y me siento muy cómodo trabajando en ella. Para muchos coaches y consultores es un verdadero reto trabajar con ingenieros, algunos incluso me han dicho que prefieren no trabajar con nosotros, uno de ellos me dijo en modo de broma que no tenemos remedio, que no somos coacheables porque estamos cerrados al cambio. Por supuesto que son exageraciones, pero sí están fundadas en una realidad: el trabajo en ingeniería es una actividad predominantemente intelectual. Lo mismo podemos decir de contadores, abogados y administradores de empresas; su actividad profesional requiere de seguir ciertas reglas y procedimientos. Puede haber espacio para el cambio y la creatividad, pero siempre dentro de un marco de orden y procesos, por lo cual la intelectualidad tiene prioridad sobre las emociones, el triunfo del deber ser sobre el poder ser.

En estos ambientes de orden y procesos te encontrarás algunos de los profesionales mejor preparados del mercado laboral; MBAs, diplomados en alta dirección y certificaciones abundan en sus sitios de trabajo. Hay un gran enfoque en la preparación académica y ciertamente rinde frutos para subir la escalera corporativa. Esto es cierto para todas las ramas del mercado laboral y así ha sido por décadas. En este contexto, nos han enseñado que tener una visión a futuro es una cualidad de líderes, no podrás encontrar un solo libro, seminario o curso de alta dirección que no repita el término visión estratégica incansablemente y esta finalmente es la suma de dos conceptos: visión a futuro + estrategia. Por supuesto que es importante contar con ella, pero hay que estar conscientes de un peligro que ronda alrededor de ella y que es la ruina de muchas empresas y personas.

Los grandes emprendedores y líderes empresariales de nuestro tiempo tienen una gran visión y un gran optimismo, pero al igual que ellos, otros millones de personas también los tienen y sin embargo nunca alcanzan el éxito. Y la razón es muy simple, cuando abusas del futuro vives todo el tiempo rodeado de dos de los mayores enemigos del éxito: miedo y ansiedad; millones de personas cada día caen en sus garras y no discrimina en género ni en nivel intelectual ni social.
Cuando vives enfocado en el futuro puedes pasar todo el día concentrado en planes y alternativas, le das mil vueltas a tus ideas y las proyectas a meses y años preguntándote cómo van a funcionar, qué efecto tendrán sobre tu visión y tus metas. Vives en la negación porque de hecho piensas que estás trabajando, cuando realmente lo que estás haciendo es abrumándote con una gran cantidad de pensamientos de lo que tienes que hacer, lo que tienes que estudiar, los problemas que vas a enfrentar, etc., etc., etc………. No es nada raro entonces que el miedo y la ansiedad lleguen y nos congelen por días, semanas, años y a algunas personas por toda su vida.

La academia nos ha vuelto adictos a los planes. Nos venden la idea de grandes estrategias, procesos y metodologías a pruebas de falla; nada es a prueba de fallas.
Está perfecto que tengas una visión y un plan aproximado, son muy necesarios, pero eso no significa que tengas que planear hasta el más mínimo detalle. Un reporte de planeación de cientos de páginas puede verse muy profesional, pero usualmente es un documento de muy poca utilidad.
A menos que realmente existan las bolas de cristal, tratar de prever todo lo que puede pasar es simplemente una pérdida de tiempo. No hay planes perfectos, siempre hay algo que está fuera de tu control que puede fallar.

¿Cuál es entonces la mejor alternativa? Planear por un día. Cuando te levantes piensa ¿qué voy a hacer hoy? ¿cuál es mi objetivo de hoy? La suma de días exitosos es igual a un año exitoso y así en adelante.

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