Una pequeña reflexión sobre la independencia

El día de ayer, por enésima vez escuché en una plática el dicho: “No hay nada peor que un pendejo con iniciativa.” A algunos les puede parecer ofensivo, a otros les puede parecer simpático. En este día, encuentro interesante analizar los méritos de este dicho porque están muy relacionados con la independencia.

¿Qué características tiene esa persona a la que algunos describen despectivamente como pendeja con iniciativa? Hay una en particular; es una persona que no sabe que no sabe. No está consciente de su ignorancia o al menos no quiere reconocerla ante los demás.

Desgraciadamente la mayoría de las personas llegamos a sufrir ese estado de negación en algún momento. Sobre todo ahora que los medios de comunicación están tan a la mano, tenemos tanta información que nos sentimos muy bien informados, sin darnos cuenta de lo que Einstein dijo ya hace más de medio siglo: “Cada día sabemos más y entendemos menos.”

Con toda esa marea de información estamos perdiendo la capacidad de análisis. Veo todos los días a personas siguiendo ciegamente a políticos, periodistas, deportistas o artistas; no hay nada que puedas decir de ellos que les haga cambiar de opinión. Todo lo que ellos digan o hagan es simplemente correcto sin discusión.

Veo también con tristeza a muchas personas que simplemente odian su trabajo. He escuchado infinidad de veces: “Esta empresa es lo peor, solo aquí suceden estas cosas.” O cuando hablamos de nuestro país, ¿cuántas veces hemos dicho “esto solo pasa en México”? Si abriéramos los ojos y analizáramos nuestro entorno nos daríamos cuenta que en todos lados hay problemas y están ahí simplemente para ser resueltos.

En un estado de pesimismo perpetuo solo se genera un círculo vicioso; nos volvemos más ignorantes, entregando nuestra independencia de pensamiento a cualquier “líder” que nos refuerce ese estado de pesimismo. Se vuelve una actitud casi masoquista; a quien más disfruto seguir es al que me hace sentir más mal.

Hace más de un siglo, Oscar Wilde escribió una gran frase en uno de sus libros: “La verdad es raramente pura y nunca es simple.” Mientras sigamos aceptando sin cuestionar todo lo que nos digan, no nos podremos quitar la etiqueta de pendejos. Si no te gusta la palabra, cámbiala simplemente por ignorante; una ignorancia autoimpuesta por dejar que las emociones avasallen por completo al razonamiento. En ese estado no puede haber independencia, sino una actitud servil hacia un líder de ocasión y preferencia.

Cuestiona siempre las intenciones por más buenas que parezcan, incluso las tuyas propias porque si eres esclavo de tu propio ego tampoco te puedes llamar independiente.

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