Voluntad – Un pequeño instante de locura

Esta es la última de las 3 publicaciones que te he invitado a leer para entender la naturaleza inconsciente de los miedos:

Todos, en algún momento de la vida y en un instante de confianza ciega nos atrevemos a hacer algo que nos causaba un gran miedo. ¿Qué nos permitió lograr esa confianza?

Tomemos un ejemplo para analizarlo: lanzarse en paracaídas. ¿Qué hace una persona ordinaria antes de lanzarse? Seguirá dos caminos: uno optimista y otro pesimista. Del lado optimista, muy probablemente hará una investigación entre sus amigos y conocidos. ¿Quiénes se han lanzado en paracaídas? ¿en dónde lo hicieron? ¿qué se siente? Esa investigación le proveerá certidumbre y confianza en que su meta es factible y segura. Desde el comienzo, su actitud optimista le guió a buscar razones para sí hacer la actividad. Del lado pesimista, se hará todas las preguntas para encontrar una razón para no hacer la actividad: ¿y si no se abre el paracaídas? ¿cuántas personas han muerto lanzándose? Si permite que su lado pesimista lo guíe, entonces en ese mismo instante renunciará a realizar la actividad.

Si decidimos lanzarnos ¿qué procede? Lo que procede es un apagado de la mente que dura un pequeño instante, donde dejamos de pensar si es seguro o no, cómo se siente, simplemente cerramos los ojos y nos lanzamos al vacío.

¿Cómo llegamos al éxito de nuestra experiencia? Con inteligencia (buscamos las opciones más confiables que nos dieran certeza de éxito) más nuestra actitud optimista. Los que no llegaron a ese instante de confianza ciega probablemente son incluso más inteligentes que nosotros, pero no tienen el factor indispensable para alcanzar la voluntad: pensamiento positivo; la falta de ese elemento les impidió alcanzar el objetivo.

En redes sociales pululan estudios con conclusiones como: “las personas inteligentes tienen menos amigos” o “las personas inteligentes no se casan”. Por supuesto que encuentro cierta verdad en las conclusiones, pero la gran verdad detrás de éstas es que las personas inteligentes toman menos riesgos. Después de todo, ¿quién en su sano juicio se lanza de un avión? Es muy peligroso. ¿Quién en su sano juicio se casa? Las probabilidades de terminar en divorcio son altísimas, si no me aguanto a mí mismo muchas veces, quién tiene ganas de aguantar a otra persona todos los días. ¿Quién en su sano juicio hace dieta? La comida me encanta y si no logro bajar de peso me voy a sentir muy mal.

En la inteligencia encontramos miles de razones para no hacer las cosas. Es en la no-inteligencia donde se enciende la voluntad y se pasa a la acción.

La inteligencia y el pesimismo son una pareja explosiva; genera miedos paralizantes y el miedo es el mayor enemigo de los humanos. Si tengo miedo del rechazo me aíslo, si tengo miedo de la diferencia me vuelvo intolerante, si tengo miedo al fracaso nunca me atrevo a actuar, si le tengo miedo a la realidad mejor tomo y me drogo y huyo de ella. Te sorprendería conocer el nivel de inteligencia de muchas personas que viven en la indigencia; son personas extremadamente inteligentes que rara vez se han permitido salir de la mente y experimentar los beneficios de un instante de voluntad. En su lugar, se dejaron atrapar en las trampas del intelecto, ese que siempre nos invita a encontrar una razón para no hacer las cosas, ese que nos impide alcanzar ese momento de locura temporal al que llamamos fuerza de voluntad.

Regresa a la publicación anterior de la serie aquí.

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